
La ruta es sencilla, aunque su pequeña espectacularidad, la hace "más" larga.
Inicio: Cofiñal (Puebla de Lillo, León)
Distancia: 14 km.
Dificultad: facil, con alguna pendiente.
Puntos de interés: cascadas varias y contínuo cantar del río.
La ultima experiencia en plena naturaleza la hemos vivido el día 17 de octubre de 2009. La idea era ir a conocer una zona de la comarca de Lillo, más concretamente la falda de la Peña San Justo. El día era muy fresco por la mañana, pues bordeando el Porma, el mercurio no superaba los 0 grados.
La ruta era muy deseada por parte de "uno" de los dos pasos, y como bien dice el refrán taurino... "mañana de expectación... mañana de decepción".
El camino, que sabiamos que está bien señalizado, nos hizo cnfiarnos y equivocarnos. Las ganas de empezar a caminar consiguieron que la experiencia fuese simpatica, graciosa, espectacular paisajisticamente hablando, bucólica...
En la foto se puede observar el objetivo de la ruta, pues bordear la Peña de San Justo era nuestra meta.
Una vez retomado el camino tras nuestra pequeña y perdida aventura, la primera decisión la tuvimos que tomar en el cruze que bifurca el camino. ¿Seguimos por Valle Entrevados o por Valle Pinzón?

La segunda opción fue la elegida. Ibamos hablando, contando las ganas que tenemos de estar en nuestra nueva casita, haciendo fotos, contemplando el paisaje...

Una pequeña cascadita nos hacía un poco dificil el camino; era la señal de que por ahí no iba a tener éxito nuestra expedición.
Unos metros más adelante nuestro camino se acababa. Los limitados medios logísticos de los que disponemos (vamos, un calzado adecuado...) nos impidieron seguir, pues aunque el otoño está siendo muy seco, el camino parecía estar ajeno a la citada sequía.
Si queriamos seguir tenía que ser por el Valle Entrevados, y asi fue. El camino era, a mi opinión, espectacular: zonas empedradas, sombrías, estrechas...

El primer punto de interés, propiamente dicho, es el Pozo de la Leña, que como bien se observa en las fotografías que se adjuntan, no dejamos pasar la ocasión de conocerlo.

El camino a partir de aquí deparaba una pequeña sorpresa a uno de los dos pasos: una fuerte pendiente hizo mermar las escasas fuerzas que ese día tenía, pero la enorme preposición,en todos los aspectos, por ser mejor, hizo que la pendiente fuera menos pendiente.
Al final, lo que nos esperaba era el bonito y amplio valle, ya muy cerca de Isoba. Los caballos nos acompañaron en este último tramo de nuestro sendero y por supuesto que no quisimos marcharnos de allí sin antes tomar unas instantáneas muy emotivas. El esfuerzo había merecido la pena.

Ese día teniamos cita para comer en la localidad de Redipollos. Todos los imprevistos puedieron co en el reto de la jornada: bordear la Peña San Justo. Una hora y media por el mismo camino nos llevaría hasta la localidad de Redipollos, donde teníamos reservada una mesa.
Un espectacular alojamiento rural y su buen hacer culinario consiguieron que por momentos nuestros cansados cuerpos y hambrientos gaznates revivieran de la dura jornada matinal.
Ya en casa, una buena siesta hizo todo lo demás.